
Es curioso que, aun prescindiendo de toda bse científica y afreciéndonos un mundo de fantasía, resulte más verosimil que en producciones como El señor de los anillos o la nueva King Kong. No es que le tenga manía a Peter Jackson-- de hecho me ha gustado mucho "tu madre se ha comido a mi perro" y "Criaturas Celestiales"-- simplemente cito esas dos porque me parece injusto que tengan tanto éxito y se alaben tanto unos efectos que no se puede ceer nadie con dos dedos de frente.
La película cuenta la historia de los tres miembros del departamento de parapsicología de una universidad neoyorquina, Venkman (Bill Murray), Raymond (Dan Aykroyd) y Egon (Harold Ramis). Un buen día, les dan la patada y han de establecerse en el sector privado, con su peculiar propuesta de negocio: Los Cazafantasmas. Y uno de sus clientes es Dana (Sigorney Weaver), cuya nevera aloja un perro de otra dimensión que atiende al nombre de Zuul. El guión es bastante simple, de los que para ir de A a B sigue el camino más corto. Pero lo que no tienen en cuento a argumento, lo suple con creces con los diálogos. A Aykroyd se le nota los años de experiencia como cómico en "Saturday Nigth Live", entre otros, y Ramis repetiría éxito con películas como "Atrapado en el Tiempo". Ambos consiguen llenar casi todas las intervenciones de los protagonistas con un chiste, en un estilo que ellos mismos definían como a-gag-a-second (una gracia por segundo). Además, otro de los grandes aciertos del guión es el hecho de que aunque está centrado en torno a la temática sobrenatural y sus protagonistas son científicos, se mantiene alejado de la cháchara técnica para justificar lo que pasa. Si el dios sumerio de la destrucción va a entrar al mundo por un ático de Nueva York, pues entra y punto, pero no hay una larga parrafada condensador-de-fluzo-midiclorianos-spock-a-puente para intentar justificarlo. Esto, y una cierta condescendencia del público para sus efectos especiales, le ha permitido envejecer con mucha dignidad.

A la hora de actuar los cazafantasmas son fieles así mismos. Bill Murray tiene una peculiar capacidad de interpretar casi siempre al mismo personaje sin que uno se canse de él, y además consiguiendo que de repente todo el mundo lo considere el no va más de la interpretación. Aykroyd parece un universitario de fiesta, y Ramis....bueno digamos que terminó por encontrar su vocación detrás de la cámara y no delante. Sigourney Weaver sobrevive como puede al papelón que le toca, el de suplir la cierta ausencia de efectos especiales a base de poner caras y menearse de manera un tanto rara. Aunque hay momentos en que visto con un poco de distancia puede resultar un poco ridículo, por lo general encaja bien en el tono de la película.
Los Cazafantasmas, uno de los fenómenos de los ochenta, que de seguir las cosas así, pronto veremos de nuevo en las pantallas con caras nuevas: Owen Willson, Adam Sandler, etc.
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