

Son acertadas las mirdas de Fincher en las que se compara los estados de la vejez con la niñez, y en donde las similiudes se imponen a las diferencias. En definitiva una reflexión de que ningún ser humano puede escapar del tiempo, por mucho que quisiésemos, y sobre la necesidad de construir un camino sobre el papel que se nos da al nacer.
La película de Fincher no sólo se queda en este plano reflexivo, si no que va más allá al hablar de la muerte, de la exclusión por ser diferente (el Banjamín primerizo tiene algo del John Merrick de El Hombre Elefante de David Lynch), y en especial del amor.

Un amor clásico, representado por la pasión entre Benjamín y Daisy (interpretada por la bella Cate Blanchett). El curioso caso de Benjamín Button indaga, e incluso enocasiones se recrea, en ese amor imposible entre dos personas que se van reencontrando en distintas etapas de sus vidas, ero que no es hasta mediana edad, cuando sus aspectos físicos coinciden y su amor se escenifica.
Todo el relato queda envuelto por la melancolía del amor entre esos dos personajes que se van cruzando pero que son conscientes de que la felicidad de vivir juntos es efímera (en su caso más breve si cabe) como todas las cosas que queremos en este mundo. En medio de la historia el film entra en otra clase de amor, un amor prohibido entre Button y una dama casada, notablemente interpretada por Tilda Swinton. Su affaire entre las paredes de un hotel ruso, es uno de los pasajes más bien llevados por el direcotr norteamericano. Tiene un tono muy pausado y contemplativo, pero está todo construido alrededor de un marco reconfortante (tal y como ellos se sienten), caluroso y entrañable. Sublimes los momentos en que la voz en off dde Brad Pitt describe los pequeños detalles de las noches al alba que transcurren al lado del personaje de Tilda Swinton.
Mención aparte las interpretaciones del conjunto del fil, donde las grandes estrellas destacan a la par que los actores menos conocidos. Pero si hay que escoger entre dos, es con el trabajo que Pitt construye alrededor de un personaje ya carimático, y con la dificultad añadida de interpretar a un anciano que se comporta como un niño. Es el último episodio de Button, cuando el niño se acerca a la muerte, uno de los más sensibles de todo el film, en especial cuando vemos al niño, que por culpa de la demencia, no recuerda la vida vivida.


El curioso caso de Benjamín Button, es uno de esos extraordinarios casos en que mientras uno la está viendo tiene la sensación de estar viendo un clásico instantáneo. Fincher tiene la particularidad de bajo la perfección estilística dejar brotar el afecto y el sentimiento en un relato que emociona, cautiva y perturba por partes iguales. La película roza las tres horas, y tan sólo se podrían haber limado diez minutos del total.